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Gino Bartali; su secreto mejor guardado

Gino Bartali

El bien se hace, no se pregona”

En los años 30, la Europa de entreguerras volvía a cavar trincheras, para resguardarse de lo que se anticipaba como un conflicto anunciado. Se iba desatando la irreflexión y empezaba a despertar la sed de venganza de aquella masacre, no tan lejana, que había sido la I Guerra Mundial.  El viejo continente quedó gravemente dañado y despojado durante mucho tiempo de la normalidad, incluso, de la deportiva. No obstante, en la Italia fascista hemos encontrado una historia especial que, hoy, en el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, aporta un poco de luz a los oscuros años de mediados de siglo.

Los italianos tenían, por entonces, pocos entretenimientos que superaran la rivalidad entre una Roma y una Lazzio tremendamente ligadas a la política, hasta que llegaba el Giro. Con los últimos compases de la primavera, las carreteras se inundaban de apasionados de la bicicleta que, curiosamente, en los años anteriores a la II Guerra Mundial, iban a ver nacer a su gran estrella; Gino Bartali, un joven toscano que descubrió su pasión por el ciclismo mientras trabajaba en una tienda de reparación de bicicletas.

Gino Bartali, 1936

La carrera de Baratali empezó a despuntar muy pronto y, en 1936, se hizo con el Giro. Alcanzar cotas tan altas, con sólo 22 años, hacía soñar a los italianos con un héroe nacional capaz de vencer en competiciones fuera de sus fronteras. Y, así fue. En 1938, le dio a la Italia de Mussolini el primer Tour de Francia, lo que sirvió para el delirio del Duce, que deseaba ver a los franceses derrotados en su competición reina y, para ligar su imagen al Régimen fascista de por vida.

Bartali nunca lo desmintió, pero su historia, la que ahora conocemos, habla de una realidad muy diferente; de un Bartali humano que luchaba, aprovechándose de esa relación con el Partido Nacional Fascista, por salvar la vida de más de 800 judíos.

Cada día realizaba sus entrenamientos por las carreteras de la Toscana, evadiendo los controles policiales, simplemente diciendo su nombre. Cuando los gendarmes sospechaban de su regular actividad en aquellos años de competiciones suspendidas, él decía que no quería perder su estado de forma para volver a las carreras y, la policía, deshecha en elogios, le dejaba continuar sin rechistar.

Lo que no se imaginaban era que Bartali llevaba documentos ocultos en el cuadro de su bicicleta o debajo del sillín, para los judíos residentes en Italia. Gino se desplazaba varios kilómetros de monasterio en monasterio para facilitar la falsificación de documentos que permitieran salir del país a las personas objeto de la ira nazi. Así, el ciclista depositaba la documentación necesaria en un edificio religioso y Giorgio Nissim, cabecilla de la trama, elaboraba una nueva identidad que volvería a ser transportada por Gino hasta los judíos escondidos.

BartaliLa valentía de Bartali le devolvió la esperanza a más de 800 familias que vivían bajo amenaza de muerte. Sus gemelos se fortalecieron por las cumbres italianas pero, aún más lo hizo su corazón, porque él  era consciente de que sus mejores años como deportista se los estaba llevando la guerra. El punto álgido de la carrera deportiva de un ciclista está entre los 26 y 31 años, justo la época que dejó de haber competiciones por el conflicto. Para cuando retomó el pulso de las carreras, otro corredor, Coppi, con el que disputó las más grandiosas batallas que se recuerden en el país del Renacimiento, gozaba de una juventud que Gino se había dejado por los escarpados recovecos italianos.

Bartali murió en el año 2000 sin haber contado nunca su historia. Hoy la conocemos gracias a los herederos de Giorgio Nissim, que han hecho público el diario de su padre que lo involucraba en esta red tan humana y, a la vez, tan peligrosa.

Dicen que el hombre saca lo peor de sí mismo en las guerras y que ningún conflicto se parece a otro pero, con la historia en la mano, me atrevería a decir que sí hay algo que tienen en común los enfrentamientos bélicos; el sinsentido. Y, ya que estamos desmintiendo dichos, con leyendas como las de Bartali me gusta pensar que, a veces, entre la oscuridad, somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos por aportar un poco de luz.


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El hockey desde otro punto de vista: bajo el agua

HOCKEY SUB

El hockey subacuático es una versión de los entrenamientos impulsados por la Marina Británica durante los años 50. Con estas prácticas pretendían mejorar la capacidad de movimiento de sus buzos, así como, propiciar un trabajo eficiente bajo el agua. Pero fue en Australia donde se popularizó y evolucionó poco después, hasta convertirse, hoy en día, en un deporte practicado en más de 20 países.

Se juega en piscinas que oscilan entre 1,80 y 3 metros de profundidad e, inicialmente, se le llamó Octopush, porque hasta 1984 se disponía de 8 jugadores (octo) que empujaban (push) un disco. Ahora, cada equipo consta de 6 jugadores y 4 suplentes, que deberán impulsar por el fondo de la piscina un disco de plomo (puck), que pesa más de un kilo, hacia la portería del equipo contrario. Lo harán con la ayuda de un stick y no podrán tocar el disco, ni levantarlo, transportarlo u obstruir su circulación con alguna parte del cuerpo o del equipamiento. Tampoco está permitido ponerse de pie en el área de juego.

En estas circunstancias, las protecciones del hockey tradicional pierden todo el sentido en favor de artilugios que ayuden a nuestra respiración porque, bajo el agua, más que nuestra fuerza, va a contar la capacidad de nuestros pulmones. Por ello, es indispensable, además de las aletas y las gafas de buceo, un tubo respirador (snorkel) que nos ayude a superar la apnea, uno de los mayores problemas para los principiantes; siempre se hace costoso mantenerse a pleno rendimiento cuando la cabeza está más pendiente de administrar el aire que de la estrategia.

El ritmo del juego suele ser muy rápido, por lo que practicarlo requiere un esfuerzo  físico considerable. Se desarrollan actividades aeróbicas y anaeróbicas, mientras se despliega un juego muy estratégico y con altas dosis de concentración, no sólo en la forma de dirigir al equipo, sino también en la capacidad personal de superar las limitaciones y optimizar el tiempo que lleva subir a la superficie para tomar aire, oxigenarse y recuperar la posición en el campo submarino.

A todas estas dificultades se puede añadir la visibilidad reducida que hay bajo el agua. Si, en un partido de waterpolo es complicado distinguir a los miembros del equipo entre los chapoteos, debajo de la línea de flotación los retos aumentan. Sin embargo, las tácticas empiezan por las cosas más simples: los colores y las formas. Cada miembro del equipo deberá ir perfectamente uniformado, de manera que, los bañadores sean idénticos y los gorros lleven el mismo diseño y el número identificador. Esa misma cifra tendrá que ir marcada en la parte superior de los brazos de los jugadores.

HOCKEY SUBACUn partido dura 30 minutos y se divide en dos tiempos de un cuarto de hora cada uno, con un descanso intermedio de 3 minutos para que los jugadores respiren, fundamentalmente y, se cambien de campo. Si fuera necesario un desempate, la prórroga amplía el partido 10 minutos más, con otros 3 de intermedio. En caso de que el marcador no se decida, una vez transcurrido el tiempo ganará el primero que marque un gol.

El juego está controlado por tres árbitros: dos en el agua (árbitros acuáticos) y uno, el principal, fuera de la piscina. Para empezar, los dos equipos al completo deben estar en el agua y sus jugadores junto a sus respectivas líneas finales, de tal forma que, al menos con una mano, estén tocando el borde de la piscina. Esta acción se repetirá también al inicio de la segunda parte, después de marcar un gol y a continuación de un penalti.

Como en la mayoría de los deportes de cancha, es posible pedir tiempo muerto. En este caso, será de un minuto siempre que sea en una de las dos partes del partido, nunca en las prórrogas. El encargado de solicitarlo ha de ser el capitán o  el entrenador. Cuando el juego se desarrolla con normalidad, sólo pueden estar en el agua los participantes del partido, mientras que los suplementes, deberán permanecer en su respectiva área de sustitución.

Los árbitros han de comprobar que las reglas tácticas se cumplen y que nadie excede la ética deportiva. Ante cualquier infracción podrán parar el juego y deliberar para aplicar la sanción equivalente, que puede ir desde una simple amonestación si es leve, hasta la expulsión definitiva si la falta tiene carácter grave o el comportamiento antideportivo es reiterativo. Entre un extremo y otro, pueden ser habituales las expulsiones temporales, que varían entre los dos y cinco minutos fuera del juego.

El hockey subacuático también tiene cierta implantación en España, gracias a la gestión de la Federación Española de Actividades Subacuáticas (FEDAS), que lo ha llevado a ciudades como Barcelona, Madrid, Mallorca, Sevilla o Vitoria.

Si quieres conocer más…

http://www.ahsa.org.ar/ahsa/CMAS_UWH_Rules_8-20_ES.pdf

http://www.fedas.es/


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