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Abebe Bikila, el ‘atleta descalzo’

Abebe Bikila

                                                             “Volvamos a esos días felices en los que había héroes.”                                         Bette Davis (1908-1989).

Cuando surgen las dificultades, aparecen los héroes. Son los que nos inspiran y, los que nos enseñan, que no existen sueños imposibles. Siempre están ahí, dispuestos a mostrar al mundo cómo hacer que lo difícil, parezca fácil.

Hoy, en Recovecos Deportivos, conocemos a Abebe Bikila, atleta que en los Juegos Olímpicos de Roma 1960, se convirtió en todo un héroe para los africanos, -en aquellos años estaban fraguando su independencia- , siendo el primer atleta en conseguir una medalla de oro para África. Significativa y simbólica victoria, acrecentada por una hazaña histórica: corrió la maratón de 42195 metros descalzo.

Veintiocho años antes de aquellos juegos celebrados en Roma, en Jato, un pequeño pueblo de Etiopía, nacía Bikila. Hijo de un pastor de cabras, a la edad de veinte años, se alistó, como tantos otros jóvenes etíopes, en el Cuerpo de la Guardia Imperial de Haile Selassie, que por aquel entonces se encargaba de brindar seguridad al Emperador.

Precisamente allí, mientras hacia la guardia en el Palacio, vio a un grupo de hombres que corrían con camisetas con el nombre de Etiopía bordada en su espalda. Aquellos hombres formaban parte del equipo olímpico de su país y acababan de participar en los Juegos Olímpicos de Melbourne. Aquel día, Bikila descubrió su sueño: ser atleta y formar parte del equipo nacional.

La oportunidad le llegó en la maratón de los JJOO de Roma de 1960.El día de la gran prueba hacía calor, mucho calor. Ilusionado, unas horas antes de la cita, se fue a buscar las zapatillas que el proveedor oficial de calzado de la carrera-Adidas-tenía preparadas para los atletas. Era tarde, y quedaban pocos pares. Tras probarse todos ellos, ninguno le resultaba cómodo. O eran grandes o muy pequeños, pero ninguno de su talla. Lejos de desanimarse, y ante la incredulidad de los allí presentes, encontró la solución al problema: correría descalzo.

Durante el recorrido, el público no podía creer lo que estaba viendo. Nadie, excepto los que le conocían. Entre ellos estaba su entrenador, que unos minutos antes de la prueba le había dicho al bueno de Bikila que debía seguir al máximo favorito a la victoria, el marroquí Radhi Ben Abdesselam, que tenía el dorsal 26. Así, haciendo caso a su entrenador, Bikila empezó a pasar a competidores en busca de ese número 26.

250A lo lejos, mientras corría, vio al que parecía ser el líder de la carrera, pero cuando lo alcanzó observó que era el dorsal 185. Aumento el ritmo en busca del corredor que supuestamente estaba en cabeza. Ese dorsal 26 debía ser muy rápido. Por más que corría no le alcanzaba. Era imposible, pues antes de la prueba, Ben Abdesselam había cambiado el número que le habían asignado inicialmente. No era el 26 como le había dicho el entrenador a Bikila, era el 185.

Al llegar a la meta, estableció una nueva plusmarca mundial, parando el crono en 2h 15 minutos y 16 segundos. Allí, en la Italia donde el mismo Mussolini partió con su ejército hacia la conquista de Etiopía, se encontraba él con su medalla de oro, demostrando a todos los africanos que nada era imposible. “Yo quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo” dijo Bikila tras su hazaña.

Volvió a su país como un héroe, y a cambio de la medalla, fue ascendido a sargento y se le condecoro con un anillo de diamantes y con la estrella de Etiopía.

Poco tiempo después, en una Etiopía convulsa, se vio involucrado en un golpe de Estado. Él y los demás acusados, fueron condenados a morir en la horca. El Emperador no permitió y amnistió solo a Bikila. Los demás no corrieron la misma suerte.

Cuatro años después, en los JJOO de Tokio, y aunque seis semanas antes sufrió una operación de apendicitis, se convirtió en el primer atleta en ganar la prueba en dos ediciones olímpicas consecutivas, mejorando en tres minutos su tiempo de Roma. Esta vez no lo hizo descalzo sino que calzó unas Asics.

Participo también en los JJOO de México 68, pero esta vez con peor suerte. La falta de oxígeno y su mala aclimatación a las alturas le obligaron a retirarse a falta de 25 km para la meta.

Aquella maratón de México se convirtió en la última prueba en la que se pudo ver a Bikila correr. Un año después, mientras conducía su coche-un Volkswagen que le regaló el gobierno tras su victoria de Tokio-, y tras intentar evitar a un grupo de manifestantes, sufrió un accidente que le dejo en silla de ruedas para el resto de sus días. Cinco años más tarde, el 23 de octubre de 1973, a causa de una hemorragia cerebral, Bikila nos decía adiós para siempre.

En una ceremonia oficial, más de 65000 personas despidieron a Bikila.

Casi cuarenta años después de su muerte, quizás no sea el momento de buscar héroes. Nos valen ideas. Eso sí, nunca debemos olvidar que siempre hay alguien dispuesto a enseñarnos que se puede avanzar hacia nuestros sueños, aunque para ello, tengamos que hacerlo descalzos.

En 2009, se estrenó una película titulada “El atleta”, que narra la historia de Abebe Bikila, el ‘atleta descalzo’.

Más videos:

http://www.youtube.com/watch?v=tTO7tFiyBlw”

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