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Los Herodes del Deporte

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“Para mí un día con fútbol es como el día de Navidad para un niño.”Bobby Charlton

Hoy es 28 de diciembre: el ‘Día de los Santos Inocentes’. Curiosamente, lo que hoy vemos como el día de las bromas, tiene su origen en la supuesta masacre de bebés ordenada, tal día como hoy de hace más de 2000 años, por el Rey Herodes I El Grande.

Aquel día, se produjo la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén. La perpetró el rey Herodes I –Rey de Judea- con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret, pues se mostraba temeroso de que ‘el nuevo Mesías’, pudiera arrebatarle el trono.

Ya en la Edad Media, en los últimos días de cada año, se celebraba ‘La fiesta de los locos’, un rito más pagano, pero tan escandaloso que la propia Iglesia, en su afán de evitar posibles excesos, ordenó que se celebrará el mismo día que los ‘Santos Inocentes’.

Es así, por lo que todos los 28 de diciembre celebramos el día de las bromas, sin saber muchos de nosotros, que esta tradición tiene su origen en un sanguinario suceso a cargo del pérfido Herodes.

Pues bien, hoy 28 de diciembre, en Recovecos Deportivos, hablaremos de los ‘Herodes del deporte’. Aquellos capaces de ensombrecer un ápice el espectáculo deportivo que cada fin de semana nos disponemos a vivir. Aquellos locos capaces de disfrazarse por unos instantes del Rey de Judea y mostrar al mundo del deporte su crueldad. Aquellos locos violentos que algún día, entre todos, lograremos borrar –no de la Historia del Deporte-, pero sí del presente del mismo.

Es triste, pero es real. En el mundo del deporte también hay Herodes. Ejemplos se suceden cada año convirtiendo el deporte –y aprovechándose de su popularidad- en auténticas batallas campales.

recovecossantosinocentesA éstos violentos hoy, no se les debe colocar un monigote en la espalda a modo de inocentada. Con letras claras y llamativas se les debería pegar un mensaje al estilo de ‘Váyanse y no vuelvan’. No les queremos, pues no dan nada y quitan toda la esencia del deporte. En definitiva, darles un mensaje claro y unívoco. El deporte no deja de ser un juego y la violencia no es un juego.

Acontecimientos de cómo estos violentos se convierten en los protagonistas del juego ocurren –por desgracia- cada año en los diferentes países del mundo. Por ejemplo, en febrero de este mismo año, en Egipto, tuvo lugar la hoy conocida como ‘Tragedia de Port Said’. Lo que era un partido de fútbol entre Al-Ahly y Al-Masry acabó en tragedia. Nadie sabe cómo se originó todo, pero el clima político y social convulso que vivía Egipto no ayudo en demasía.

Además, los ultras de uno y otro equipo no sólo tenían rivalidades deportivas, sino que también presentaban duras rivalidades políticas. Así, los ultras de Al-Masry se presentan en el sector de la población egipcia como los defensores del antiguo dictador Hosni Mubarak. En cambio, los ultras del Al-Ahly fueron participes activos del derrocamiento del antiguo gobierno e incluso, en las protestas de El Cairo –Plaza de Tahir- se pudieron ver las caras de algunos jugadores del primer equipo y a la cabeza de éstos, la de su capitán.

Ingredientes que provocaron tras el pitido que ponía fin el partido, el comienzo de la verdadera batalla no por ganar sino por sobrevivir. Fue el momento en el que entraron en acción ‘Los Herodes del Deporte’ y la consecuencia fue la fiereza más absoluta: 74 muertos y cientos de heridos.

Una muestra más de que el problema sigue ahí latente esperando una solución. No podemos mirar hacia otro lado y permitir que se adueñen de nuestros campos y estadios, pues no sólo es un problema que se ha producido en países como Egipto. Aquí, en Europa, también acechan ´Los Herodes del Deporte’ en busca de su oportunidad para salir a la palestra. Tenemos algunos ejemplos como la “Tragedia de Heysel” -29 de mayo de 1985, Bruselas- en la que murieron 39 aficionados y hubo más de 600 heridos a causa de una avalancha de aficionados en los prolegómenos de la final de la Copa de Europa que enfrentaba al Liverpool y a la Juventus de Turín. Tragedias que se van sucediendo en todos los continentes y con los mismos protagonistas en común. Europa, América del Sur, África…ningún continente escapa de estos individuos.

Los dirigentes y los políticos no pueden mirar hacia otro lado. No pueden ser permisivos con los violentos y, la sociedad en general, debe acabar con ellos. Esto no es un juego y no podemos permitir que el deporte se convierta en lo que no es, pues sino ‘Los Herodes del Deporte’ seremos nosotros.

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Javier Hernanz: “Al piragüismo le falta televisión. Hoy los medios lo son todo”

Hablar de piragüismo en España lleva implícita la referencia a clubes históricos, grandes palistas y múltiples premios y, sin embargo, todas las palabras se quedan en un cajón porque las conversaciones sobre este deporte están relegadas a un grupo minoritario. Un grupo, eso sí, que entiende que la relación con la piragua es digna de admirar, porque estos deportistas, que brillan sin grandes focos, sacan las palas hasta en los días más fríos, entrenan hasta la saciedad y acaban empapados después de haberse pasado media vida encima de una piragua. Sólo con esto, me atrevería a decir que remar es sentir verdadera pasión por el deporte pero, por desgracia, no sólo de pasión vive el deportista: como siempre, sin publicidad se pierde protagonismo y sin patrocinio la primera plana o, lo que es lo mismo, hoy, más que nunca impera la ley de “poderoso caballero es Don Dinero”.

De todo esto hemos podido hablar con el piragüista Javier Hernanz. Este asturiano, “adicto” al trabajo y devoto de la piragua, ha dedicado muchos años a dar paladas y no se plantea un futuro inmediato sin saborear la satisfacción diaria del entrenamiento. Con un palmarés intachable, mantiene los pies en el suelo y hace gala del trabajo que lo ha llevado hasta lo más alto. Tranquilo, agradable y, tremendamente sincero, ha accedido a desgranar con nosotros todos los temas que le hemos propuesto, aunque en la palestra destacan la situación actual del piragüismo y su trayectoria personal.

Os invitamos a entrar en un nuevo recoveco; el piragüismo, un estilo de vida hecho deporte.

Dicen de ti, que triunfas en el piragüismo porque tienes fuerza y capacidad de sacrificio. ¿Cómo te definirías tú?

Fuerza genética o física no tengo, pero lo que sí tengo es mucha fuerza de voluntad: yo soy el que más entreno, el que más horas hago, el más metódico… Porque además, no crecí teniendo una genética sobrenatural, todo fue a base de trabajar, trabajar y trabajar. Además, como mi deporte es muy técnico, ahí tengo un margen importante, porque suplo la falta de fuerza con la técnica.

¿Has tenido que sacrificar muchas cosas por este deporte?

Sí. Con 15 años me tuve que ir de casa, estuve concentrado con la selección asturiana y estaba sujeto a unos horarios totalmente distintos a los de la gente de mi edad. Yo entraba en clase a las 6 de la tarde, después de haber entrenado todo el día y salía a las 10.30 de la noche. Entonces, tenía que desplazarme más de dos Kilómetros desde la escuela y eso, con 15 años, la verdad que no se hacía muy agradable.

¿Cómo es la situación del piragüismo en España? Porque la sensación es que está afincado en comunidades puntuales y algo olvidado en el resto.

El piragüismo goza de un reconocimiento muy bueno a raíz de las medallas que consiguieron gente como David Cal, Carlos Pérez o Saúl Craviotto, lo que pasa es que no se está aprovechando. Hay una mala gestión del deporte en España que se refleja en los resultados. Unos resultados, además, que son efímeros, no llegan a ser relevantes porque estamos ante una generación muy buena de piragüistas; gente que viene de sacar medallas en Mundiales Juveniles o sub 23, cuando años atrás nunca se habían sacado. Son gente que tiene una proyección muy buena pero que necesitan llegar al equipo absoluto y tener un impulso potente, aunque sea valorativo y no tanto económico. Sin embargo, en España, hay veces que los directivos se ocupan de unas cosas que no tienen mucho que ver con la realidad del piragüismo.

JAVIER HERNANZ

– ¿Estás de acuerdo con esas voces que apuntan a que la buena preparación de los piragüistas españoles no se ve reflejada en los resultados olímpicos?

No estoy de acuerdo, porque en estos últimos años siempre se vuelve con un resultado tremendo. De hecho, en estas olimpiadas hubo tres medallas en piragüismo sobre seis embarcaciones que fueron, eso sin contar las dos embarcaciones que se quedaron en casa y también podrían haber sacado medalla. El papel se hace bastante bien, el problema es que no conseguimos hacer un ciclo entero completo, para clasificar un equipo grande. Nosotros tenemos un potencial muy superior al de Alemania, por ejemplo, pero ellos con menos efectivos nos dan mil vueltas.

Tú ya has vivido lo que son unas olimpiadas ¿cómo fue la experiencia en los JJOO de 2004?

Fue muy buena pero, como siempre, parece que en mis años olímpicos llevo enganchada una maldición detrás que no me deja estar al 100%, no obstante fue un año muy bueno.

En el 2004 éramos niños, yo tenía 20 años, habíamos sido subcampeones de Europa y venía de no haber perdido nunca: desde los 15 años, por suerte, siempre fui ganando. Llegué a los 18 años y saqué dos medallas en un Mundial y, casi me vengo con tres. Salté a sénior y también gané; después fui al Campeonato de Europa, donde nadie había sacado nunca medalla y quedé subcampeón, lo que conlleva la clasificación para los Juegos.

Pero tres semanas antes de los JJOO un compañero da positivo en doping y me desilusioné porque no me imaginaba que eso pudiera suceder. Me vine abajo y diez días antes de la olimpiada dije que no iba. Finalmente me convencieron y participamos en los Juegos, pero fuimos en un estado mental muy malo y quedamos décimos, sin clasificación para las finales y con mal sabor de boca, porque la gente que sacó medallas había quedado por detrás de nosotros en todas las regatas.

Cuatro años después una decisión federativa te privó de la participación en los JJOO en Pekín ¿qué pasó?

La maldición de los Juegos, sí (dice entre risas). Por intereses económicos al piragüismo le quitan un determinado número de plazas para favorecer a otros deportes nuevos que van saliendo, entonces, nosotros de una capacidad de 360 piragüistas pasamos a llevar 300. La Federación Internacional, en el último año, aprueba un reglamento interno que dice que, por cada país solamente puede clasificar uno en la repesca. Entonces nos encontramos con un problema porque, nosotros, quedamos subcampeones de Europa en 1000m y Carlos (Pérez) y Saúl (Craviotto) también subcampeones en 500m, pero según la nueva ley, sólo puede ir un barco ¿quién se queda en casa?

Era un poco a cara o cruz y confiábamos en que nos llevaran a nosotros, pero en la decisión también influyeron intereses económicos, (todos los patrocinadores eran gallegos, el presidente de la Federación también y Carlos es gallego) así que fueron ellos. No obstante, Pérez y Craviotto eran unos portentos, unos máquinas, no hay por qué desmerecerlos. Una cosa es que la decisión esté viciada y otra que no sea objetivo llevarlos a ellos. De hecho, fueron y ganaron.

Y, si no era poco con esto, en la Olimpiada de 2012, todavía hubo un lío mayor. ¿Puedes explicarlo?

Hubo un lío gordo, porque el Comité Olímpico Internacional (COI) volvió a cerrar el grifó y quitó plazas. Pasamos de 300 a 260 (quitan otras 40 más, que se añaden a las 60 eliminadas en los anteriores JJOO) y, ahora, en piragüismo ya ni siquiera hay posibilidad a que vaya un palista por distancia. Por ejemplo, nosotros para cubrir el programa completo necesitamos a 10 palistas y, ahora obligan a que vayan 9 y uno doble en alguna prueba.

A parte de eso, todo empezó en la clasificación. Teníamos dos maneras de clasificarnos para ir: una era el Campeonato del Mundo del 2011 y, otra era la repesca del 2012. En el Campeonato del Mundo planteamos una regata, quizás un poco temeraria, además de que influyeron muchos factores, como el viento. Salimos a ganar, fuimos a por ellos a muerte y, cuando nos dimos cuenta fundimos y quedamos séptimos; entraban seis de forma directa.

Pero, Eslovaquia ganó en el k2 y el mismo chico, al día siguiente, también ganó en el k4, con lo cual, esa plaza quedaba libre y pasaba a la siguiente embarcación, que era la nuestra. Fuimos a la repesca y ganamos muy fácil todas las regatas, pero el día de la final había un metro y medio de ola y la clasificación directa se nos complicó.

Ahora viene la reasignación. En ella, determinados países, porque tengan demasiados palistas clasificados con poco nivel para esa regata o, porque considere el país que no están en buena forma, van soltando plazas. Bueno, pues la Federación Internacional, nos saltaba a nosotros y se las daba a otros países. Incluso a los rusos les permitieron no soltar plazas. Claro, ahora nos cuadra, porque nos enteramos hace un mes de que la Asamblea de elección de Presidente durante los próximos cuatro años es en Rusia.

Y, al final ¿a quién se reclama? Porque estamos hablando de varios agentes implicados. ¿De quién es la responsabilidad?

Ahora mismo tenemos un problema en el deporte y, es que, el estamento deportivo supremo es el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) y, está muy manipulado. El veredicto del TAS no lo decide un juez, sino un abogado que contrata no sé qué país y viene aquí  a resolver el conflicto y, además, muchos miembros del TAS, son miembros del COI…

En el momento en que nosotros mandamos nuestro recurso, con tantos ejemplos y de forma tan clara, sabíamos que con que un juez simplemente lo leyese, era imposible que nos quedáramos fuera de la Olimpiada pero nos dieron muchas vueltas y, al final, después de cuatro años entrenando nos quedamos en casa porque quisieron, porque nos dijeron que no tenían competencia.

JAVIER HERNANZ Y COSGAYA Preolímpico 2012

JAVIER HERNANZ Y COSGAYA Preolímpico 2012

Después de estas dos desilusiones, ¿te prepararás para Río? ¿Piensas ir?

Sí, aunque la complicación es que según van pasando los años te entran ganas de hacer otras cosas; formar una familia, si tienes un negocio quieres dedicarte a él, o acabar la carrera y empezar tu vida profesional… Pero, la verdad es que arranco el ciclo olímpico con ganas y no me quiero retirar sin sacar una medalla en los Juegos. Siempre me desenvuelvo muy bien y llego a las olimpiadas y falla algo. Saúl, por ejemplo, es un ganador nato (bromea).

Ahora que me hablas de Saúl Craviotto, hay una anécdota muy divertida, que os hizo perder una regata. ¿Qué os pasó?

Cuando éramos jóvenes, estábamos en un Campeonato del Mundo en el que éramos favoritos y, nosotros nos creíamos eso. Habíamos ganado las eliminatorias muy fácilmente y, llegamos a la final motivadísimos. Empezamos a calentar y, de repente, le digo, ¿cuánto queda Saúl? Y, dice 3 minutos. (Empieza a escapársele la risa) Y al dar la vuelta, vemos que o teníamos mal el reloj o eran muy puntuales, pero estaban todos preparados y la juez con la bandera blanca levantada para dar la salida. Claro, empezamos a correr y los dos gritando, ¡parad, parad! hasta que la chica nos vio y cambió el color de la bandera, pero cuando llegamos, estábamos muertos, fundidos y, nada más colocar la piragua, salimos. Llegamos igual que salimos, o sea últimos (ríe y asegura que ahora, recordándolo fue un momento muy divertido). Será algo que nunca se nos olvidará. Craviotto es muy amigo mío y somos muy parecidos compitiendo.

Estamos acostumbrados a ver “grandes estrellas” con menos palmarés y más protagonismo, ¿en qué hay que mejorar para conseguir que el piragüismo llegue a más gente?

Es la pescadilla que se muerde la cola: un sponsor potente llega si se mete la televisión y, si se mete la televisión es porque lo fomentan los sponsors. Yo creo que lo que hace falta es más televisión, porque los medios de comunicación, hoy, sois todo y podéis engrandecer o hacer más pequeña cualquier cosa, situación, evento o persona.

No obstante, tenemos una prueba que le da internacionalidad y con la que tú estás muy familiarizado, el Descenso Internacional del Sella. ¿Fue este el gusanillo para empezar?

Probé con el fútbol (estuvo en el Sporting de Gijón) y también con el piragüismo. Por una lesión en la rodilla tuve que dejar el fútbol y empecé a hacer algunas regatas: al principio perdías y te desmotivabas, pero cuando empiezas a ganar le coges el gusto. A partir de ahí, aunque no era muy bueno, empecé a entrenar y conseguí estar arriba, ayudado por la motivación que te da el reconocimiento.

Las 5 preguntas personales…

El mejor y el peor momento como deportista

El mejor fue en el Campeonato de Europa del 2004, porque era llegar a la categoría absoluta y con la clasificación de los JJOO parecía que podía llegar el despunte. Fue el momento más feliz porque era un crío y es el principio.

El peor fue cuando nos quedamos fuera de los JJOO. Aunque ese mismo año, ganamos el Sella batiendo record y, me gustó muchísimo. Además, conocí a una persona muy importante en mi vida, que es Julio Martínez, una pasada entrenar con él y un tío majísimo.

¿Alguna vez te has planteado dejar el piragüismo?

No, nunca. La única posibilidad de dejarlo es que gane la Olimpiada o, al menos, saque medalla. Tengo demasiadas ganas de ganar como para dejarlo (ríe).

Has estudiado Derecho y has hecho oposiciones a Policía Nacional. Muchos otros piragüistas se abren una opción profesional fuera del deporte. La pregunta es obligada ¿se puede vivir del piragüismo?

Hasta ahora se puede vivir al día, el problema es mantener la beca. Estamos en el programa ADO si nos mantenemos entre los ocho mejores del mundo, algo muy complicado año a año, y en el momento en el que fallas te quedas sin nada. Yo tengo la suerte, de que con la policía, tengo un respaldo y, aunque no me permite ahorrar, sí puedo entrenar.

Y, ahora con la crisis ¿se ha notado una reducción en la partida presupuestaria?

Sí, sin duda. Yo estuve seis meses sin cobrar y tengo compañeros que llevan más de nueve.  Dinero sigue habiendo, pero ahora mismo cuesta mucho darlo, hay más miedo. El problema es que el dinero que da el Estado, llega primero a las Federaciones en vez de a los deportistas de forma directa y, luego, ellas son las que deciden a qué dar prioridad de pago. Normalmente, llega una partida de dinero y va primero para pagar a la gente de la Federación, para material, para tapar agujeros y, al final, te pagan a ti.

¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar en este deporte?

¡Que se dedique al tenis! (lo dice de manera espontánea, bromeando y entre risas). No, ahora en serio, le diría que es un deporte muy duro y que no espere recibir nada a cambio. Lo único, que tienes que disfrutarlo, pasártelo genial y con ello, llegará la satisfacción diaria de entrenar.

¿Buscas más información?

http://www.javierhernanz.com/

http://www.lne.es/deportes/2012/07/31/tas-rechaza-recurso-hernanz/1278064.html

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1218534

http://www.1001experiencias.com/experiencias-miticas/entrevista-a-javier-hernanz-sigo-con-la-ilusion-de-ganar-unos-juegos-olimpicos-y-peleare-para-ganar-en-rio-2016/

PALMARÉS

http://www.javierhernanz.com/palmares.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Javier_Hernanz#Palmar.C3.A9s


«Un domingo cualquiera, cualquier cosa puede pasar»

Esta frase, aplicable a la vida misma, cobra más fuerza aún si pensamos en el deporte, en los domingos de partido, ese día que Dios reservó para el descanso y los aficionados, para la euforia.

La película «Un domingo cualquiera» (Any given Sunday, en inglés) cuenta con un amplio y rico reparto: Al Pacino, Cameron Diaz, Dennis Quaid, Jamie Foxx, James Woods…

Si va en busca de una película sobre fútbol americano que se ajuste al género del drama, se encontrará más bien con una película de acción. Deberían advertir al espectador que se encontrará con imágenes que pueden herir su sensibilidad, puesto que desde el minuto uno los agresivos choques en el terreno de juego que el director (Oliver Stone) aprovecha para mostrar en toda su expresión con primeros planos y sonido estridente, obligan a echar la vista atrás.

El director muestra, en definitiva, la otra cara del deporte: las riñas, la competencia, los intereses económicos, los problemas de salud que acarrea, las drogas, el alcohol, las fiestas…

Al Pacino, en la piel de Tony D’ Amato es el entrenador de los Miami Sharks que después de después de haber ganado dos campeonatos consecutivos cuatro años atrás, empiezan una etapa de decadencia. En esos momentos se lesiona el «alma» del equipo, Jack «Cap» Rooney, quarterback de 39 años que ve tambalear su carrera y lo que ello trae consigo, su éxito.

Fruto de la lesión aparece en «escena» (nunca mejor dicho) Willie Beamen (Jamie Foxx) cuya destreza en el campo es sorprendente. Su éxito partido a partido es proporcional al crecimiento de su ego y de su soberbia que lo llevan a saltarse las jugadas e inventarse las propias. Foxx genera un sisma en el equipo, no se confía en él, no hay unión y la falta de una estrategia común redunda en más derrotas. Ante esta situación, una ambiciosa y fría Christina Pagniacci (Cameron Díaz) presidente y co-propietaria de los Sharks  negocia con el médico del equipo para que mienta sobre los resultados de los análisis y así poner en el terreno de juego siempre a Foxx en lugar del lesionado Rooney.

Pagniacci confronta con Tony D’ Amato, un entrenador con años de experiencia y mucha conciencia: conciencia de equipo y de los valores que es necesario defender dentro y fuera del terreno de juego. Sabiendo que Foxx es mejor, D’ Amato apuesta por Rooney, no solo por su afinidad sino porque conoce las reglas como él: esas que hablan de equipo, de generosidad, de entrega y bondad hacia el deporte y hacia los compañeros. Uno de los momentos más reproducidos de esta película, es el discurso que el entrenador da minutos antes de salir al terreno de juego, en uno de los partidos más difíciles cuya derrota los sepultará y cuya victoria los hará renacer. Pase lo que pase, que no sea por no haberlo dejado todo y sobre todo, por no haber sabido jugar en equipo, pulgada por pulgada…

 


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